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La vida no retoña. Tema escrito por Guilver Salazar

ANÉCDOTAS Y REFLEXIONES DE FIN DE SEMANA

La vida no retoña. Tema escrito por Guilver Salazar.

anciano-feliz-200312Cuando funcionaba el ferrocarril en Guatemala, el ramal que partía de Zacapa hacía El Salvador tenía dos Estaciones: la de Anguiatú y la de Asunción Mita.  En ese entonces, Anguiatú era una pequeña aldea, la que pasó a llamarse Vieja Anguiatú cuando se urbanizó la que hoy alberga las modernas oficinas de transporte terrestre, y a la cual se llega tomando el cruce de Padre Miguel.  La Vieja Anguiatú, estaba ubicada a 18 km. de Asunción Mita, Jutiapa.

Pues bien, en dicha aldea, y justamente frente a la Estación del tren, vivió un señor de nombre Gonzalo Morán, quien en compañía de su esposa doña Belarmina, atendían un modesto comedor que era visitado, no solo por los pocos turistas que llegaban a El Salvador por aquellos ya lejanos años, sino también por los empleados y guardias de la Aduana.

Don Chalo, que así era conocido este señor, se sentaba a un costado de la puerta de entrada al comedor.  Era un señor de unos sesenta años de edad, cuya amabilidad y carácter alegre le hacían ser una persona agradable.

Cuando los clientes llegaban al comedor, don Chalo decía: ̶  ¡Pasen adelante! ¡Por allí está la Belarmina!  El comedor es de la Mina, pero mío y suyo también.

Don Chalo Morán, era pues un hombre que no se complicaba la vida; todo lo tomaba con alegría.  Era de esas personas que “le llevaban el rumbo a todo el mundo”.  Si las demás personas veían que algo estaba bueno, don Chalo también lo veía bueno.  Si por el contrario, las personas veían que algo estaba malo, don Chalo les daba la razón.  Y como todos en la Vieja Anguiatú ya sabían de esta particular forma de ser, de este sexagenario señor, se ponían de acuerdo para hacerlo caer en aquella posición, y reírse un poco con las respuestas que daba.

En una ocasión, dos jóvenes decidieron entrevistar a don Chalo, sobre la época de invierno que estaba próxima.  Llegó el primero, y acercándose a él le dijo: ̶  Don Chalo, parece que hoy sí va a llover; y será una buena tormenta.

Don Chalo, mirando las nubes, le respondió: ¡Sí, muchacho!  Va a llover.  Y será una tormenta de las buenas.

Unos minutos después de haberse retirado aquel joven, llegó su compañero, y sentándose a la par de don Gonzalo, le dijo: ̶  Don Chalo, hoy parece que el día está de verano.  Como que no va a llover.

Don Chalo, dirigiendo la mirada al cielo, le respondió: Tiene razón amigo, hoy si no va a llover.  Está de puro verano.

Así era don Gonzalo Morán, un hombre que quizá por su manera de ser, recibió salud y bendiciones, que le permitieron agregar muchos años a su existencia.

Por ello, sería bueno reflexionar, que la vida es corta y hay que saberla vivir.  Si asumimos la postura de don Chalo, seguramente lo peor que nos puede pasar, es que la gente nos haga preguntas como las que hicieron los dos muchachos de esta anécdota, y al final se vayan a casa muy sonrientes; pero si a todas las personas les llevamos la contraria, seguramente nos vamos a “echar encima” a un buen número de enemigos, que nos calificarán de amargados, y con seguridad, a cada momento nos sacarán a relucir a toda nuestra parentela.

Los abuelos tenían razón cuando, haciendo uso de refranes, nos aconsejaban diciendo: ̶ “Ay, mijo, la vida hay que saberla vivir, porque no es cola de garrobo; no retoña”.

 

 

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