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El poder de la palabra. Tema escrito por Guilver Salazar

ANÉCDOTAS Y REFLEXIONES DE FIN DE SEMANA

El poder de la palabra. Tema escrito por Guilver Salazar

bus-escolarCuando estaba estudiando cuarto magisterio en el INVO, me tocaba viajar todos los días, de Concepción Las Minas a Chiquimula, debido a que mi hermano mayor: Mariel Salazar, quien me sostenía económicamente, radicaba en aquel municipio, pues trabajaba en la Oficina de Correos y Telégrafos de dicho lugar.

Generalmente, salía de Concepción como a eso de las cinco de la mañana para regresar entre dos o tres de la tarde.  Y es que en esa época (1976), sólo había dos camionetas: Transportes Vilma, que iba de la frontera de El Salvador a Chiquimula, y Transportes Bardales, que iba de Anguiatú a Puerto Barrios.

Muchas veces, por desperfectos o contratiempos en el camino, las camionetas no regresaban a su destino final, por lo que, el grupo de estudiantes que viajábamos diariamente, nos veíamos en la necesidad de salir a la carretera a “pedir jalón”.

En una ocasión de éstas, caminábamos el grupito de estudiantes, por la salida de Chiquimula, cuando de repente, vimos que se aproximaba, a una considerable velocidad, un vehículo de palangana.  Todos le hicimos la acostumbrada seña para “pedir jalón”.  El carro empezó a frenar, deteniéndose como a unos cincuenta metros de don nosotros le hicimos la seña.  Y al percatarnos de que se había detenido, entre risas y gritos de alegría, corrimos con la intención de abordarlo. Sin embargo, cuando estábamos a unos dos metros del auto, éste arrancó, rechinando las llantas, mientras sus ocupantes dejaban escuchar sonoras carcajadas.  Todos guardamos silencio, mientras pensábamos en la mala acción de aquel piloto y sus ocupantes.  Pero uno de nuestros compañeros, mientras el carro se perdía en la distancia, con voz fuerte les gritó: ̶  ¡Desgraciados!  ¡Ojalá y se estrellen en el camino!

Aquel mal momento se disipó, en el instante mismo en que escuchamos el ruido de otro vehículo que se acercaba.  Un tanto cautelosos “le pedimos jalón”, y al detenerse, con cierta duda corrimos hacia él.  El chofer nos preguntó hacia dónde íbamos, y después de indicarle el lugar, nos ofreció dejarnos en Padre Miguel.  Pero, cuando íbamos acercándonos a la altura de San José La Arada, nos percatamos de una aglomeración de personas y vehículos.  El chofer, detuvo la marcha, y con asombro pudimos comprobar que se trataba de un vehículo accidentado.  Y digo con asombro, porque precisamente, el vehículo accidentado, era aquel que nos jugó la pesada broma narrada anteriormente, y cuyos ocupantes salieron gravemente heridos.

Es importante reflexionar sobre situaciones como la anterior, ya que no es prudente ni mucho menos correcto, burlarse de quienes nos piden un favor, porque la vida tiene esas extrañas maneras de manifestación, en las cuales terminamos pagando caro por nuestros errores.  De igual manera, debemos pensar bien lo que decimos, porque de nuestra boca pueden salir palabras que serán de bendición, pero de igual manera, puede salir una expresión capaz de convertirse en una maldición.  Y es que ya todos sabemos que: la palabra tiene poder.

 

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