Sin ninguna duda, uno de los productos artesanales que más identifica a Esquipulas es el sombrero adornado; incluso, cuando tenemos en nuestra ciudad a un visitante distinguido, lo primero que se le entrega es esta prenda, que identifica al romero que viene a nuestra tierra en busca de paz, recogimiento espiritual o a poner a los pies del Señor sus dolencias, necesidades y súplicas, con la fe de que el Santo Cristo hará en su vida un milagro.

El sombrerito de Esquipulas es conocido no solo a nivel nacional sino fuera de nuestras fronteras, incluso más allá de El Salvador, Honduras y México, que son los países con mayor presencia, especialmente en época de feria y Semana Santa.

Es tan conocido, que hasta se ha acuñado una expresión popular que se utiliza cuando una persona es pretenciosa: vos parecés sombrerito de Esquipulas; suelen decir. Cuando el aludido pregunta por qué, le responden: porque solo cositas sos.

Estoy totalmente seguro que a los Esquipultecos no nos hace mucha gracia esta expresión, pues la comparación entre un sombrero adornado con objetos que identifican nuestra fe, no tiene nada que ver con el comportamiento o manera de ser de las personas, mucho menos con el sentido verdadero del origen del Sombrerito de Esquipulas.  Pero, así somos los guatemaltecos: de todo hacemos bromas.

Para hablar del origen de este sombrero tenemos que regresar muchos años atrás, cuando los devotos del Señor de Esquipulas venían a nuestra tierra atravesando cerros y montañas; algunos a pie, otros a caballo, y un grupo menor viajando, una parte del camino, en los ya desaparecidos ferrocarriles de Guatemala, que llegaban únicamente hasta la cabecera departamental de Chiquimula.  Estos romeristas acostumbraban a tomar, a la altura de “Curruche”, una piedra cuyo tamaño lo comparaban con el de sus pecados, para cargarla en hombros hasta llegar a la Cruz del Perdón, ubicada a unos 500 metros de la Capilla de la Virgen de Lourdes, en el cerro denominado “Morola”.  Al llegar a dicho lugar, colocaban la piedra al pie de la cruz.   El guía espiritual o encargado del grupo, quien siempre iba al frente del mismo, tomaba  el sombrero del devoto que iba llegando al lugar y lo adornaba con “paste”, que enredaba entre la copa y el ala del sombrero, para luego colgar de él unas frutas silvestres, de color amarillo, conocidas con el nombre de “chiches” y unas bolitas parecidas al algodón, llamadas “bellotas”.  El “paste” es una especie de liquen, cuyo nombre científico es Usnea Barbata, que arrancaba de las ramas de los enormes árboles de liquidámbar que rodeaban aquel lugar; las “chiches” eran el fruto que da  una mata espinosa, recibiendo tal nombre por su parecido con la ubre de ciertos mamíferos.  Y las bellotas eran unas flores blancas matizadas con rojo, que produce el árbol de roble.

Después de adornar el sombrero, se lo colocaba a su dueño, quien lo recibía con emoción, ya que dicho adorno representaba la corona que premiaba a quienes, después del esfuerzo de cargar una piedra durante un buen recorrido, quedaban limpios de sus pecados, y estaban listos para entrar cantando jubilosos al majestuoso templo, para arrodillarse frente a la imagen morena de nuestro Redentor.

Con forme pasaron los años, el “paste”, “las chiches” y las “bellotas” se fueron escaseando, y en consecuencia fueron desapareciendo, y con ellos también desapareció esa hermosa tradición.

Sin embargo, allá por el año de 1930, un señor de nombre Leopoldo Hércules Barrios, originario de la ciudad capital de Guatemala, y quien se había radicado en nuestro pueblo al haberse casado con una esquipulteca de nombre Manuela Ramírez, creó las famosas coronas de mezcal, más conocidas como “Toquillas”, con la intención de adornar los sombreros de los peregrinos, en sustitución del  “paste”.  Don Leopoldo Hércules Barrios vivió en la esquina opuesta a la casa de don Juan Duarte y doña Apolinaria Samayoa, en la segunda Avenida entre 3ª. y 4ª. Calle.

La toquilla es una especie de gusano de mezcal que tiene cuatro colores: amarillo, verde, rojo y morado.  El amarillo representa la fe católica, el verde significa la naturaleza que rodea a nuestra bella tierra, el rojo simboliza la sangre derramada por Cristo para borrar nuestros pecados, y el morado es el color propio de la época de cuaresma, en la cual conmemoramos la pasión, crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.

Las “chiches” amarillas y las “bellotas” de palo de roble, fueron sustituidas por cruces y medallas de la Virgen María, fabricadas de zinc, tecomates de barro pintados con los mismos colores de la toquilla, libritos conocidos con el nombre de “Magníficas”, y bolitas de lustrina.

La descripción anterior corresponde a lo que se conoce actualmente como el Sombrerito adornado de Esquipulas.

Naturalmente el significado del mismo cambió, pues en la actualidad, portar en la cabeza un sombrerito adornado significa haber visitado al Señor de Esquipulas, y regresar a casa lleno de espiritualidad y alegría, como el sombrerito que va lleno de estos objetos.

Seguramente, don Leopoldo Hércules Barrios nunca imaginó que sustituir el “paste” por la “toquilla”, le daría vida a esta prenda que hoy constituye la representación de un pueblo, lleno de tradiciones y costumbres, de esperanza y de fe, que ama la paz, y que se levanta cada mañana bajo la luz esplendorosa de los rayos del Sol de oriente, y bajo la mirada protectora del milagroso Cristo Negro de Esquipulas.